Texto y Fotos: Julián Torrecillas Webmaster: xistarka

 

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Iglesia y Museo de Valeria
LA IGLESIA DE LA SEY

La Iglesia de la Sey, de Valeria, es el más destacable templo románico de la provincia de Cuenca.

El concepto de “románico” es utilizado por primera vez en 1820 por De Grebille. Denominó así a todo el arte pregótico, por la utilización del arco de medio punto y por su analogía con las lenguas “románicas” que habían sucedido al latín como el arte de los siglos V al XIII al romano clásico. Al apreciar después lo novedoso de la arquitectura desarrollada a partir del siglo XI, coincidiendo con el relanzamiento de las instituciones religiosas, la mayor estabilidad política y el crecimiento económico, se pasó a denominar así al arte de entre los siglos X y XII.

Este estilo artístico reúne las distintas tendencias de la Alta Edad Media, creando un arte nuevo que supone el resurgir del arte cristiano y actúa como la mayor fuerza integradora del mundo occidental de la época. La base del surgimiento del románico será la arquitectura religiosa ya que, tanto en las ciudades como en el campo, la iglesia será en mucho tiempo el único edificio público construido. No obstante, sus usos no serán solo religiosos ya que siendo el único gran edificio comunitario en la mayoría de los lugares, en él se reunirá el concejo, se administrará justicia, su espadaña o torre servirán de vigilancia, su fábrica de refugio etc.

En la Tierra de Cuenca la mayoría de las obras románicas son construidas desde la segunda mitad del siglo XII hasta bien avanzado el siglo XIII, ligadas a la actividad conquistadora y repobladora de Alfonso VIII y del Cabildo catedralicio. El monarca se veía obligado a repoblar fijando los términos conquistados y dotándolos de fuer

os y cartas puebl

as, y haciendo concesiones a particulares o a instituciones (Cabildo, órdenes militares etc.

). La mayoría de estos repobladores procedían del Valle del D

uero y de la Gascuña francesa. Esta expansión rep

obladora se estancará en la segunda mitad del siglo XIII, dando lugar en el XIV a una importante despoblación consecuencia de las epidemias y malas cosechas.

El románico conquense se produce en un territorio en el que el gótico ha hecho acto de presencia con edificios tan determinantes como la Catedral de Cuenca. Pero el románico es el estilo que acompaña a la repoblación. Traído por cuadrillas de canteros procedentes de núcleos rurales, que tienen práctica en este estilo y desconocen las técnicas del nuevo arte gótico que se desar

rolla en la cercana sede diocesana, y que además carece del utilitarismo necesario en los nuevos núcleos de población que buscan simplicidad y economía.

Se desarrollará así un modelo de iglesia, generalmente, de una nave orientada de este a oeste, con armadura de madera, ábside semicircular, puerta orientada al sur, espadaña de dos o tres vanos a los pies, y un acceso al cementerio en el muro norte.


¿SANTUARIO CELTIBÉRICO?


El pozo situado en la nave norte de la iglesia, recibe el nombre de POZO AIRON. Airon era un dios de tipo infernal ligado a un culto de origen probablemente indoeuropeo y emparentado con el Charum etrusco y otros.similares. Un demonio que habita en las profundidades, lugares acuáticos etc. muy unido al culto a las aguas pero no concebidas estas como fuente de fertilidad, sino como lugar de tránsito al Más Allá.

El culto, extendido por toda la península y sur de Francia, debió de ser especialmente intenso en la Meseta castellana, habiendo indicios o restos epigráficos que testifican su existencia en La Almarcha, Uclés, Gormaz y Barahona –ambas en Soria-, Burgos etc. Roma, tras la conquista, adoptó los cultos indígenas, o quizás fueron estos quienes adaptaron sus dioses a la nueva realidad. De Uclés procede una inscripción dedicada a Airon por un ciudadano romano de origen indígena que transcrita dice “Al dios Airon lo dedicó la familia usetana oculense, Cayo Titinio Crispino”

Con la llegada del cristianismo estos cultos se mantuvieron, por lo que la insistencia de los concilios prohibiendo los cultos a las rocas, árboles, fuentes etc. son continuas. Todavía en época tan tardía como el siglo XVIII, el tribunal de la Inquisición de Cuenca procesa a unas “brujas” de la cercana Belinchón, por reunirse por las noches con “un demonio que habita en el Pozo Airón” .


“Ya se van los siete hermanos, ya se van para Aragón;
Los calores eran fuertes, agua non se les topó.
Por en medio del camino toparon un pozo airón;
echaron pares y nones, al más chico le cayó.
Ya lo atan con una cuerda, ya lo echan al pozo airón;
por el medio de aquel pozo la cuerda se les rompió.
El agua se le hizo sangre; las piedras son
culebras y alacranes que le comían el corazón.
Ya se van los seis hermanos amargados de corazón.
-Asperadvos, mis hermanos, quiero decir una razón:
Si vos pregunta la mi madre, la direx: ¡atrás quedó!
Si vos pregunta el mi padre, le direx: ¡al pozo airón!
Si vos pregunta la mi mujer, la direx: viuda quedó.
Si vos preguntan mis hijos, les direx: huérfanos son.

Romance sefardí de Salónica.

“Guardaos, niños …que os echará en la sima de Cabra o en el Pozo Airón”
Cervantes. “Viaje al Parnaso”

No todo ha de ser chupar,
Brujas mías porque quiero
que al Astrólogo embustero
se la demos a mamar:
si soplos viene a buscar
a la boca del Ayrón
echadle con ton y son
muchos soplos de Occidente,
de modo, que ayrosamente
a todos mentirles pueda.

Diego de Torres Villarroel.

LA SEDE VISIGODA


El templo valeriense se encuentra bajo la advocación de la Virgen de la Sey, corrupción de sede, recuerdo de su condición de sede episcopal en época visigoda.
La memoria de la antigua sede pervive también en la “Abadía de la Sey”, instituida por el obispo Diego de Anaya y su Cabildo, y bajo cuya advocación está la capilla de Caballeros de la Catedral de Cuenca.

Covarrubias, cuya hermana yace en la cripta de esta iglesia, dice en su “Tesoro de la lengua castellana o española” publicado en 1611.
“… ganada, pues, que fue la ciudad de Cuenca, se trasladó a ella la silla episcopal de Valeria que avía cesado desde que se perdió España, que en tiempo de los godos fue un gran obispado, dicho valeriense; y quedan agora vestigios desto y de su antigüedad porque la iglesia de aquella villa se llamó la Seu, y una imagen antigua y devota della, la llaman en toda aquella tierra nuestra Segora de la Seu”


Las noticias de la sede valeriense las registran todas las recensiones de los “Nomina Sedium”, así como la “Falsa Hitación de Wamba” (672-680) que dice de los límites de la diócesis valeriense:
“Valeria teneat Delpont usque Tarabellam, de Siceral usque Innar”, interpretándose comunmente como: “Valeria se extiende desde Alpuente a […], desde Abia(de la Obispalía) a Requena”.


Los obispos valerienses de los que tenemos noticia son:
Juan, presente en el IV Concilio de Toledo (589).
Magnencio, en el Sínodo de Gundemaro (610).
Eusebio, presente en los concilios del 633 y 636.
Tagoncio, presente en los años 646 y 653.
Esteban, en el IX (655), y X (656).
Gaudencio, asiste a los concilios toledanos de los años 675, 681, 684, 688, y 693. en el concilio 683, estuvo representado por el Abad Vicente.


El obispado valeriense desaparece juntamente con el de Ercávica por bula del Papa Lucio III, emitida en Velletri el 1 de julio de 1182, por la que traslada las sedes a Cuenca creando un nuevo obispado.

Bajo el solar de la actual iglesia se encuentra, probablemente, la basílica visigoda, de la que la actual quizás aproveche sus fundamentos los vestigios visigodos abundan en sus paredes, fustes, placas etc. además de los recuperados en distintas obras como son fragmentos de canceles, barroteras etc., así como una tumba que aflora bajo el ábside norte.


EL TEMPLO ROMÁNICO

Para la construcción de la iglesia, la mayor iglesia románica de la provincia y única de tres naves, se instalaron en un primer momento las columnas romanas que podemos ver embutidas en sus muros, para después construir los arcos que separan las naves. Estas se encuentran rematadas por tres ábsides semicirculares, la parte más cuidada de la iglesia, que originalmente se encontraban cubiertos con una bóveda de cuarto de esfera y separados del resto del templo por arcos triunfales. Se rematan los ábsides con una cornisa de piedra con canecillos

La entrada se encuentra en el muro meridional de la iglesia, siendo la portada actual un añadido del siglo XVI, al igual que la ventana del extremo oeste del mismo muro, derrumbada pocos años después de construirse y vuelta a rehacer. Los contrafuertes son también del quinientos, quedando al lado del situado en el extremo oriental el primitivo contrafuerte románico. Otra entrada, que fue cegada al construir la torre, se situaba a los pies de la iglesia bajo un arco de descarga.

En el siglo XVI se le añadió el artesonado de par y nudillo, para lo que hubo que sobreelevar los muros de la nave central, así como el de los pies. También en este siglo se realizó el coro con una sillería semicircular y un órgano. Las ventanas eran aspilleradas como se observa en la que comunica con la sacristía, añadida esta última en el siglo XVI al igual que el espacio del museo y un antiguo corral situado en la cabecera y demolido en el siglo XIX.

Son abundantes las marcas de cantero en toda la iglesia, la a invertida, dos líneas en ángulo recto etc., sobresaliendo especialmente la estrella de cinco puntas, inscrita prácticamente en todas las dovelas de los cuatro arcos más próximos a los pies del templo.
No sólo es de destacar el templo en cuanto a su estructura, sino también por el material constructivo de sus muros. Son abundantes los fragmentos de inscripciones romanas, las piezas visigodas etc.

EL SIGLO XVI


El Siglo XVI fue una de las épocas más florecientes de toda Castilla, que ostenta la hegemonía social, política y económica del momento y, en particular, de la diócesis conquense que desde la segunda mitad del siglo XV experimenta un continuo crecimiento demográfico que no se detiene hasta las crisis económicas de finales del siglo XVI, agravadas por las epidemias de peste.

En Cuenca la mayor riqueza proviene de la explotación ganadera y de su inseparable industria textil, así como de la explotación maderera y en la zona más al sur la cerealísta. Este auge económico supone una gran actividad artística que se traduce en la abundante construcción y reforma de iglesias, la elaboración de retablos, órganos, pinturas etc.

En Valeria el siglo viene marcado por la compra de la localidad a la corona por parte de Fernando Ruiz de Alarcón en el año de 1561, a 16000 maravedies por vecino, siendo entonces 130. Compra que molestó al Concejo conquense, que protestó enérgicamente ya “que importa infinito a esta cibdad que no se vendiese porque es la pasada de toda La Mancha”.

Fernando de Alarcón fundó una capellanía mayor y ocho menores. Dotó a la Iglesia con un relicario, importantes obras de orfebrería, vestiduras, ornamentos, libros sagrados etc. En esta época se realiza el coro, el artesonado, la sacristía, torre, contrafuertes, portada y cornisa de la fachada etc., además de varios retablos, habiendo llegado hasta nosotros muy poco de todo ello. Hace su capilla en la nave norte retocando los contrafuertes y haciendo un artesonado y altar de cerámica de Talavera que ostentan sus armas, le añade además la sacristía y un corral.

La torre se había comenzado en 1580 a instancia del Abad de la Sey, pero faltos de recursos será sufragada por Fernando de Alarcón que la financiará a cambio de ser enterrado bajo el Altar Mayor y comprometiéndose a hacer una sacristía “harto cabal y bien adornada”, sacristía que será encargada a Fray Alberto de la Madre de Dios pero que no se llegará a realizar por discrepancias con los mayordomos. La torre será construida por Juan de Meryl, siendo fiador Juan de Toca Vergaces y tasando la obra el 9 de Febrero de 1589 en 585.956 maravedíes.

La portada, contrafuertes, y otras obras realizadas en este siglo son llevadas a cabo primero por Juan de la Sierra y Alonso de la Puente quienes comienzan “…en la iglesia un tablamento e una ventana del asiento revocada toda la delantera de la iglesia y las hermitas lo que fuere necesario en ellas e una calera la mitad de todo ello”, traspasando la otra mitad de la obra a Pedro de Arriano el 1 de diciembre de 1553.

Se realizan también varios retablos, como el de la Virgen de la Sey encargado por Juan y Alonso de Burgos al entallador Juan Barba, como atestiguan las obligaciones fechadas el 7 de Julio de 1526. El retablo será pintado por Hernando Muñoz, que el 19 de noviembre de 1538 se compromete a pintarlo “…de pincel, e oro, e colores…, que ha de ser segund que agora esta fecho de talla, de la manera que va pintada la custodia, e la historia conforme como el abad del Asey y el dicho conçejo lo pidieren, e los bultos que estan fechos de bulto an de ser estofados como los que al presente estan en la custodia”.

Otros artistas trabajarán aquí durante este siglo, como Bartolomé de Matarana, Diego de Segovia, los Gómez etc. En siglos posteriores se seguirá dotando a la iglesia con retablos, pinturas y ornamentos de lo que poco ha llegado hasta nosotros. Si acaso hechos negativos como el hundimiento de la esquina suroeste o los sucesos de la última guerra civil que hicieron desaparecer la mayor parte del patrimonio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(*)La entrada a la Iglesia y Museo de Valeria es de 1 €uro